Raquel Barbero

Bio

Bilbao, 1970

Su trayectoria como fotógrafa y autora se proyecta a partir del estudio y análisis de diferentes técnicas fotográficas, desde las más clásicas a las más innovadoras.

Como autora evoluciona día a día sin cerrar puertas a ninguna disciplina, aunque se siente cómoda dentro del marco de la fotografía documental. Su objetivo es contar historias –ajenas y propias– a través de su punto de vista personal y conseguir transmitir emociones con ellas.

Es en el ámbito del proceso creativo en el que se deja llevar por su parte más imaginativa e intimista, desarrollando así sus proyectos personales.

Paralela y complementaria a su actividad creativa se desarrolla su vida profesional que está muy relacionada con la reproducción gráfica y puede resumirse en dos etapas:

La química, en la que su labor fundamental estaba dentro de un laboratorio, entre gelatinas, reactivos y papeles. A estas tareas de revelado dedicó los ocho primeros años de su carrera profesional como fotógrafa, de 1992 a 2000.

La digital la rescató de ese vicio del cuarto oscuro. Las gelatinas fueron sustituidas por píxeles; los reactivos, por capas de ajuste y, aunque los procesos y materiales hayan cambiado, para ella el fin de una fotografía sigue siendo convertirse en papel. De ahí que le dé una gran importancia a los materiales y procesos utilizados en el proceso de reproducción de sus trabajos.

Actualmente, y desde 2003, realiza trabajos como técnico de reproducción de documentos y fondos fotográficos en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, lo que le ha permitido, por medio de cursos realizados y de investigación, familiarizarse con los procesos fotográficos de finales del S.XIX y principios del S.XX.

Desde 2017 se ocupa de documentar gráficamente todas las propuestas escénicas en La Malhablada –espacio de referencia de microteatro en Salamanca–.

“No puedo permitirme olvidar la magia que tiene el hecho de fotografiar. No solo porque se pueda conseguir un calco de la realidad —hecho que físicamente me fascina— sino por la capacidad de conseguir mostrar sin enseñar; exprimir una escena, descontextualizarla y sacar toda su esencia para generar sentimientos, propiciar la reflexión y llegar más a las vísceras que a los ojos”.

Proyectos

 

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