Araceli Carrión

Bio

Los mundos de Araceli Carrión escapan a nuestro dominio, pero desde su dimensión humana, demasiado humana, y no por ello, claro, menos inquietantes.

 

Se trata de Universos oníricos, nocturnos, extraordinariamente imaginativos y expresivos, en los que los colores estallan, espléndidos, en medio de paisajes lunares. En Ellos se muestra la soledad, azul, de mujeres preñadas de vida, de emociones, también de recuerdos. Las ondulaciones infinitas de sus manos y cuerpos, de sus cabellos como hilos, que las desatan de la tierra y de esos suelos geométricos –que tienen a la vez el poder de multiplicar los sueños-, las vuelven al mismo tiempo poderosas y frágiles.

Sus paisajes son los paisajes del alma, de los estados de ánimo, envueltos en mil tonalidades de azul (porque tal vez el azul está contenido en todo) Son escenarios del sueño, del deseo, del temor.

Sus protagonistas son las mujeres, que se prolongan de forma fascinante en manos, en cabellos, en cavidades que conducen a otras cavidades; en curvas que se enlazan con otras curvas. Diosas antiguas y lunares, sometidas también el Azar de sus propias vidas, a la desolación, a la enfermedad, al amor, a la separación y a la muerte.

¿Por qué las mujeres de los cuadros de Araceli Carrión tienen seis dedos? Tal vez porque, si no, les faltaría uno, responde ella. Porque las pinturas de Araceli denotan presencias, más que ausencias. Tiene las virtud de hacer visible lo invisible y de convocar el origen, un origen que quizás fuera el de nuestra niñez, o el del mismo origen del mundo, con el que a menudo lo confundimos. Ese inicio está en sus Collages en esas ruedas, esos círculos que son estallidos de color, de energía, de mil materiales salvados de naufragios y olvidos.

Quizás la única certidumbre que nos sugiere Araceli sea la de la infancia, con sus muñecas y objetos, aunque también nos interpelen estos desde su soledad, con algo de voz perdida y extraña.

 

Estamos invitados a los mundos de Araceli porque también los soñamos y vivimos, o porque los vislumbramos en nuestra infancia. A ella le debemos su capacidad para invocarlos, hacerlos otra vez presentes.

Proyectos

 

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